La artrosis, también llamada osteoartritis, es la enfermedad articular más frecuente del mundo y la principal causa de dolor crónico y de discapacidad en el adulto mayor. Consiste en el desgaste del cartílago que recubre los extremos de los huesos dentro de la articulación: esa capa lisa y elástica que permite que las superficies se deslicen sin rozamiento y que amortigua las cargas.
Cuando el cartílago se adelgaza y se fisura, el hueso queda expuesto y "roza" contra el hueso. El organismo intenta repararlo y ahí nacen los cambios característicos: el hueso subcondral se endurece (esclerosis), se forman salientes en los bordes (osteofitos, los "picos de loro" de los informes radiológicos) y aparecen quistes.
Una matización importante: durante décadas se describió como un simple "desgaste por el uso", pero hoy se entiende como una enfermedad de toda la articulación —cartílago, hueso, membrana sinovial, ligamentos y músculo—, con un componente inflamatorio de bajo grado. No es solo mecánica, aunque la mecánica pesa mucho.
Por qué importa
Afecta a más del 10 % de la población adulta y a la mayoría de las personas por encima de los 70 años en alguna articulación.
Es una de las primeras causas de años vividos con discapacidad: limita caminar, subir escaleras, vestirse o trabajar.
Es el motivo principal de las prótesis de rodilla y de cadera, una de las cirugías más practicadas.
Se asocia a pérdida de forma física, aislamiento y depresión, en un círculo en el que el dolor lleva a moverse menos y moverse menos empeora el dolor.
Cómo duele: el patrón mecánico
El rasgo que define clínicamente a la artrosis es el dolor mecánico: empeora con el uso y la actividad y mejora con el reposo. Duele al final del día, después de caminar, al bajar escaleras, al levantarse de una silla.
También existe una rigidez tras la inactividad, pero es breve: dura menos de 30 minutos por la mañana o después de un rato sentado (la llamada "rigidez de arranque" o gelling). Este detalle es la clave para diferenciarla de las artritis inflamatorias.
Otros síntomas habituales: crepitación (crujidos al mover), sensación de "fallo" de la rodilla, pérdida progresiva de movilidad y deformidad de la articulación en fases avanzadas.
Articulaciones típicas
Las más afectadas son las que soportan carga o se usan mucho:
Rodilla (gonartrosis): la más frecuente y la que más discapacidad genera. Dolor al bajar escaleras y al levantarse; con el tiempo, deformidad en varo (piernas "en paréntesis").
Cadera (coxartrosis): dolor característico en la ingle, que puede irradiar a la cara anterior del muslo o incluso a la rodilla. Es un error frecuente buscar la causa en la rodilla cuando el problema está en la cadera. Se pierde primero la rotación interna.
Manos: nódulos duros en las articulaciones interfalángicas distales (nódulos de Heberden) y proximales (nódulos de Bouchard); y rizartrosis, la artrosis de la base del pulgar, que duele mucho al pinzar y abrir tapones.
Columna (cervical y lumbar) y primer dedo del pie (hallux rigidus).
Dato útil: la artrosis primaria respeta característicamente las metacarpofalángicas, las muñecas, los codos y los hombros. Si esas articulaciones están afectadas, hay que buscar otra causa (artritis reumatoide, hemocromatosis, artritis postraumática).
Factores de riesgo
Edad: el factor más potente.
Sexo femenino, sobre todo tras la menopausia y en la artrosis de manos.
Obesidad: el factor modificable más importante. Cada kilo de más multiplica la carga sobre la rodilla al caminar, y además el tejido graso produce mediadores inflamatorios que dañan el cartílago (por eso la obesidad también se asocia a artrosis de manos, que no soportan peso).
Traumatismos y cirugía previa: rotura de menisco o de ligamento cruzado, fracturas que afectan a la superficie articular.
Sobrecarga ocupacional o deportiva repetida.
Alteraciones de la alineación: genu varo o valgo, displasia de cadera.
Genética y antecedentes familiares, especialmente en la artrosis de manos.
Cómo se diagnostica
El diagnóstico es clínico: la historia (dolor mecánico, rigidez breve, edad, articulación típica) y la exploración bastan en la mayoría de los casos.
La radiografía simple muestra los cuatro signos clásicos: pinzamiento del espacio articular, osteofitos, esclerosis subcondral y quistes (geodas). Debe hacerse en carga en rodilla y cadera, porque de pie el pinzamiento se hace evidente.
La analítica es normal: no hay elevación de VSG ni de PCR, y el factor reumatoide es negativo. Se pide para descartar otras causas, no para confirmar artrosis.
Muy importante: la radiografía y los síntomas no van de la mano. Hay personas con imágenes muy alteradas y poco dolor, y al revés. Se trata al paciente, no a la radiografía.
La resonancia rara vez es necesaria; suele encontrar hallazgos degenerativos que confunden más que ayudan.
Tratamiento
No existe hoy ningún fármaco que regenere el cartílago perdido. El objetivo es reducir el dolor, mantener la función y retrasar la cirugía.
1. Medidas no farmacológicas: son el pilar, no el complemento.
Ejercicio. Es la intervención con mejor relación beneficio-riesgo, comparable a la de los analgésicos. Combina fortalecimiento muscular (sobre todo cuádriceps en la rodilla), movilidad y actividad aeróbica de bajo impacto (caminar, bicicleta, natación). La idea de que "moverse desgasta más" es falsa: el músculo protege la articulación.
Pérdida de peso. Reducir un 5–10 % del peso corporal mejora de forma medible el dolor y la función en la artrosis de rodilla.
Educación del paciente, calzado adecuado, uso de bastón (en el lado contrario a la articulación dolorosa), ayudas técnicas y adaptación de tareas.
2. Fármacos.
Paracetamol hasta 3 g al día: eficacia modesta, pero seguro; útil como primer escalón.
AINE tópicos (diclofenaco, ibuprofeno en gel): primera opción farmacológica en rodilla y manos, con muy pocos efectos sistémicos.
AINE orales: los más eficaces para el dolor, pero a la dosis mínima y el menor tiempo posible, vigilando el riesgo gastrointestinal (protección con inhibidor de la bomba de protones), renal y cardiovascular, especialmente en el paciente mayor.
Infiltración con corticoides: alivio rápido de semanas de duración en brotes con derrame. No conviene repetirla de forma indefinida.
Ácido hialurónico intraarticular y los llamados condroprotectores (glucosamina, condroitín sulfato, diacereína): beneficio pequeño e inconsistente en los estudios; se usan de forma individualizada.
Opioides: se evitan siempre que sea posible, por escasa eficacia a largo plazo y efectos adversos relevantes en el anciano.
3. Cirugía. La artroplastia (prótesis) de rodilla o de cadera está indicada cuando el dolor es intenso y persistente, limita la vida diaria o el descanso nocturno, y ha fracasado el tratamiento conservador bien hecho. Los resultados son muy buenos, con mejoras notables de dolor y función. En cambio, la artroscopia con meniscectomía en la artrosis de rodilla no ha demostrado beneficio sobre el tratamiento conservador y ha dejado de recomendarse en ese contexto.
Ideas clave
El cartílago se desgasta y el hueso reacciona formando osteofitos y esclerosis.
Dolor mecánico: empeora con el uso, mejora con el reposo; rigidez matutina < 30 minutos.
Articulaciones típicas: rodillas, caderas y manos (Heberden, Bouchard, rizartrosis).
La coxartrosis duele en la ingle, no en la nalga.
Analítica normal; la radiografía confirma pero no se correlaciona con los síntomas.
Lo más eficaz es ejercicio y pérdida de peso; los AINE, a dosis y tiempo mínimos.
La prótesis es el tratamiento definitivo cuando falla todo lo demás.
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