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Principales cocos grampositivos de importancia clínica; se diferencian por la prueba de catalasa y coagulasa, y causan infecciones cutáneas, respiratorias y sistémicas.
Contenido
3 niveles de profundidad
Lo esencial para entender el tema desde cero.
Qué son: bacterias redondas que se tiñen de morado (grampositivas).
Los dos grandes grupos:
Se diferencian con la prueba de catalasa: estafilococos catalasa +, estreptococos catalasa −.
Estas bacterias son responsables de una parte enorme de las infecciones que se ven a diario: un forúnculo, una amigdalitis, una neumonía, una infección de una herida quirúrgica, una endocarditis o una meningitis. Aprender a ordenarlas no es un ejercicio de memoria: es lo que permite adivinar el microbio antes de tener el cultivo y empezar el antibiótico adecuado.
La tinción de Gram separa las bacterias según su pared. Las grampositivas tienen una capa gruesa de peptidoglicano que retiene el colorante violeta y no se decolora con el alcohol: se ven moradas. Las gramnegativas tienen una capa fina y una membrana externa, pierden el violeta y se tiñen después de rosa.
Esa pared gruesa explica algo práctico: los antibióticos que atacan la síntesis del peptidoglicano —las penicilinas y demás betalactámicos— funcionan especialmente bien contra ellas, y la vancomicina, que también actúa sobre la pared, solo sirve para grampositivos.
Ante un coco grampositivo en el laboratorio se avanza por pasos:
| Hemólisis | Aspecto en la placa | Bacterias |
|---|---|---|
| Beta (completa) | Halo transparente | S. pyogenes (grupo A), S. agalactiae (grupo B) |
| Alfa (parcial) | Halo verdoso | S. pneumoniae, estreptococos del grupo viridans |
| Gamma (ninguna) | Sin cambios | Enterococcus |
Es el más agresivo. Vive tranquilamente en las fosas nasales y en la piel de una parte de la población sana, y desde ahí aprovecha cualquier puerta de entrada.
Qué produce:
SARM significa S. aureus resistente a meticilina: ha cambiado su diana y ningún betalactámico clásico le hace efecto. Se trata con vancomicina, daptomicina o linezolid, según el foco.
Staphylococcus epidermidis es un habitante normal de la piel y, durante décadas, se consideró un simple contaminante de los hemocultivos. Lo es muchas veces, pero también es el gran infectador de material extraño: catéteres, prótesis articulares, válvulas protésicas, marcapasos. Fabrica una biopelícula que lo protege del antibiótico y del sistema inmune, y por eso muchas de estas infecciones no se curan sin retirar el dispositivo.
Staphylococcus saprophyticus es distinto: causa infección urinaria en mujeres jóvenes.
Beta-hemolítico, sensible a la bacitracina. Es la causa bacteriana clásica de la faringoamigdalitis con fiebre alta, placas de pus, adenopatías dolorosas y sin tos (la tos apunta a virus). También produce escarlatina, impétigo, erisipela y fascitis necrotizante.
Lo que lo hace especial son sus dos complicaciones tardías, que aparecen semanas después y no por la bacteria en sí, sino por la reacción inmunitaria:
Coloniza la vagina de muchas mujeres sanas. Su importancia está en el recién nacido: puede provocar sepsis y meningitis neonatal. Por eso a las embarazadas se les hace un cultivo entre las semanas 35 y 37, y a las portadoras se les administra penicilina durante el parto.
Alfa-hemolítico, en parejas (diplococo) con forma de lanceta, sensible a la optoquina. Su arma es la cápsula, que impide que los fagocitos lo destruyan; también es lo que aprovechan las vacunas.
Causa neumonía adquirida en la comunidad (fiebre alta de inicio brusco, escalofrío intenso, dolor en punta de costado, esputo herrumbroso y condensación en la radiografía), otitis media, sinusitis y meningitis en el adulto.
Peligro especial en quien no tiene bazo o lo tiene mal (esplenectomizados, anemia falciforme): sin bazo no se eliminan bien las bacterias encapsuladas y la infección puede ser fulminante. De ahí que vacunarlos sea obligado.
Los estreptococos del grupo viridans viven en la boca, participan en la caries y, al pasar a la sangre en una manipulación dental, causan endocarditis subaguda sobre válvulas ya dañadas: fiebre prolongada, cansancio y soplo, con semanas de evolución.
Enterococcus faecalis y E. faecium viven en el intestino. Producen infecciones urinarias, biliares, abdominales y endocarditis, sobre todo en pacientes hospitalizados. Son resistentes por naturaleza a muchos antibióticos, incluidas las cefalosporinas, y algunas cepas también a la vancomicina.
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