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Arritmia supraventricular más frecuente: actividad auricular caótica que produce un ritmo ventricular irregularmente irregular y riesgo de embolia.
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Lo esencial para entender el tema desde cero.
Qué es: las aurículas dejan de contraerse de forma coordinada y "tiemblan", generando un pulso totalmente irregular.
Es la arritmia sostenida más frecuente. Afecta a alrededor del 2 % de la población general, a más del 10 % de los mayores de 80 años, y su frecuencia sigue creciendo con el envejecimiento. Muchas personas la tienen sin saberlo, porque no siempre da síntomas.
En un corazón normal, el impulso eléctrico nace en el nodo sinusal (el marcapasos natural, en la aurícula derecha), recorre las aurículas de forma ordenada haciendo que se contraigan, y pasa al ventrículo a través del nodo auriculoventricular. En la fibrilación auricular ese orden desaparece: se generan cientos de impulsos caóticos por minuto (400–600), la mayoría procedentes de focos situados alrededor de las venas pulmonares. Las aurículas ya no se contraen, solo tiemblan. El nodo auriculoventricular actúa como filtro y deja pasar unos pocos impulsos, de forma imprevisible: de ahí el pulso irregular.
Por qué importa: al no vaciarse bien las aurículas, se forman coágulos que pueden viajar al cerebro y causar un ACV embólico.
Tres consecuencias explican toda la enfermedad:
| Cardiacas | Extracardiacas |
|---|---|
| Hipertensión arterial (la más frecuente) | Hipertiroidismo |
| Insuficiencia cardiaca | Alcohol (incluido el "corazón de fin de semana") |
| Valvulopatías, sobre todo mitral | Apnea obstructiva del sueño |
| Cardiopatía isquémica | Obesidad y sedentarismo |
| Cirugía cardiaca reciente | Infecciones agudas, sepsis, fiebre |
| Miocardiopatías | EPOC, tromboembolia pulmonar |
La edad es el factor no modificable más importante. Y hay factores muy corregibles —peso, alcohol, tensión arterial, apnea del sueño— cuyo control reduce de verdad las recurrencias.
En el ECG: ausencia de ondas P y ritmo irregularmente irregular.
Los tres rasgos que hay que saber reconocer:
A la cabecera del paciente, el hallazgo es un pulso irregular sin ningún ritmo, con un déficit de pulso: se auscultan más latidos en el pecho de los que se palpan en la muñeca, porque algunos son demasiado débiles para llegar. Cuando la FA es intermitente y el ECG de consulta es normal, se recurre al Holter de 24-48 horas o a registradores de eventos de más días.
Tipos según la duración: paroxística (cede sola en menos de 7 días), persistente (dura más de 7 días o necesita cardioversión), y permanente (se acepta y no se intenta revertir).
Ante una FA hay que responder a tres preguntas, siempre en este orden:
1. ¿Hay que anticoagular? Es la decisión que salva vidas. Se estima el riesgo de ictus con una escala de puntos (la conocida CHA2DS2-VASc) que suma insuficiencia cardiaca, hipertensión, edad, diabetes, ictus previo, enfermedad vascular y sexo. A mayor puntuación, mayor beneficio de anticoagular.
2. ¿Controlar la frecuencia o el ritmo?
Una regla de seguridad importante: si la FA lleva más de 48 horas o se desconoce cuándo empezó, no se puede cardiovertir sin más, porque puede haber ya un trombo en la aurícula. Hay que anticoagular al menos 3 semanas antes o descartar el trombo con una ecocardiografía transesofágica.
3. ¿Qué hay detrás? Buscar y tratar la causa: tensión arterial, tiroides, alcohol, peso, apnea del sueño, valvulopatía.
Urgencia: si el paciente está inestable (hipotensión, angina, edema agudo de pulmón, alteración de la consciencia), la actuación es la cardioversión eléctrica inmediata.
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