Cirugía y traumatologíaTema
Solución de continuidad del hueso; su manejo incluye reducción, inmovilización y rehabilitación, con atención a complicaciones como el síndrome compartimental.
Contenido
3 niveles de profundidad
Lo esencial para entender el tema desde cero.
Qué es: un hueso roto.
Tipos básicos: cerrada (piel intacta) o abierta/expuesta (el hueso comunica con el exterior → riesgo de infección).
Manejo general (3 R): Reducir, Retener (inmovilizar) y Rehabilitar.
Una fractura es la pérdida de continuidad del tejido óseo. Suena sencillo, pero el hueso nunca se rompe solo: alrededor hay músculo, periostio, vasos, nervios y piel, y muchas de las complicaciones importantes no vienen del hueso sino de esas estructuras vecinas. Por eso, ante una fractura, lo primero no es la radiografía: es comprobar que el miembro tiene pulso, sensibilidad y movilidad, y que la piel está íntegra.
Por la comunicación con el exterior:
Por el trazo:
| Trazo | Aspecto | Mecanismo habitual |
|---|---|---|
| Transversa | Perpendicular al eje del hueso | Golpe directo |
| Oblicua | En diagonal | Fuerza angulada |
| Espiroidea | En espiral | Torsión |
| Conminuta | Más de dos fragmentos | Alta energía |
| En tallo verde | Se dobla y se rompe solo un lado | Niños, por hueso más flexible |
| Impactada | Un fragmento se encaja en el otro | Compresión axial |
Situaciones particulares:
Signos de certeza (si están, hay fractura): deformidad evidente, movilidad anormal del segmento, crepitación al movilizar y exposición ósea.
Signos de probabilidad: dolor intenso y localizado, hinchazón, hematoma, impotencia funcional y dolor selectivo a la palpación sobre el hueso.
Exploración imprescindible, y este es el punto que separa una buena atención de una mala: hay que valorar siempre el estado neurovascular distal —pulsos, relleno capilar, temperatura, color, sensibilidad y movilidad de los dedos— y dejarlo escrito, tanto antes como después de inmovilizar o de reducir. También hay que examinar la piel en toda la circunferencia del miembro para no pasar por alto una pequeña herida que convierta la fractura en abierta.
Imagen: la radiografía en dos proyecciones perpendiculares (anteroposterior y lateral) es la prueba básica, e incluye siempre la articulación proximal y la distal. Si la sospecha es alta y la radiografía es normal (típico del escafoides o de las fracturas por estrés), se inmoviliza igualmente y se repite en 10–14 días o se recurre a TC o resonancia.
La consolidación ocurre en fases que se solapan:
Lo que retrasa la consolidación: tabaco (un factor evitable de primer orden), diabetes, corticoides, antiinflamatorios en dosis altas y mantenidas, mala vascularización, infección, edad avanzada, desnutrición y, sobre todo, una inmovilización insuficiente o una separación excesiva de los fragmentos.
Reducir. Devolver los fragmentos a su posición. Puede ser cerrada (manipulación externa, con analgesia o sedación adecuadas) o abierta (quirúrgica). No toda fractura necesita reducción: las no desplazadas se inmovilizan tal cual.
Retener. Mantener esa posición hasta que consolide:
Rehabilitar. Empieza cuanto antes, incluso con el yeso puesto: movilizar los dedos, mantener la musculatura, elevar el miembro. La inmovilización prolongada produce rigidez, atrofia y pérdida de función que a veces son peores que la fractura original.
Además: analgesia adecuada, elevación del miembro, hielo local en las primeras 48 horas y profilaxis antitetánica en las fracturas abiertas. En las abiertas, además, antibiótico intravenoso precoz —en la primera hora si es posible—, lavado abundante y desbridamiento quirúrgico.
Inmediatas:
Precoces:
Tardías:
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