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La hiperglucemia intrahospitalaria (glucemia >140 mg/dL en un paciente ingresado, con o sin diabetes previa) se asocia a mayor morbimortalidad, infecciones y estancia prolongada. El tratamiento de elección en el paciente no crítico es la insulina subcutánea en esquema basal-bolo-corrección, evitando la pauta de insulina móvil (sliding scale) aislada; en el paciente crítico se prefiere la insulina intravenosa en perfusión continua. Los objetivos glucémicos son 140-180 mg/dL en la mayoría de los pacientes, evitando la hipoglucemia.
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Se define como una glucemia mayor de 140 mg/dL en un paciente ingresado. Puede darse en personas con diabetes conocida, con diabetes no diagnosticada o como una hiperglucemia de estrés (por la enfermedad aguda, el dolor, las infecciones o los corticoides) que desaparece al alta.
La hiperglucemia en el hospital no es inocente: se asocia a más infecciones, peor cicatrización, más complicaciones y mayor mortalidad, sobre todo en el paciente grave. Controlarla mejora los resultados, pero pasarse también es peligroso: la hipoglucemia es igual de dañina.
En el hospital, el fármaco de elección es la insulina, porque es rápida, ajustable y segura en situaciones cambiantes (ayunos, cirugías, insuficiencia renal o hepática).
La temida pauta de insulina móvil sola ("sliding scale", poner insulina solo cuando la glucemia ya está alta) NO debe usarse como único tratamiento: reacciona tarde y produce grandes oscilaciones.
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