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La rodilla es una articulación en bisagra estabilizada por los ligamentos cruzados (anterior y posterior) y colaterales (medial y lateral), con dos meniscos fibrocartilaginosos que amortiguan y congruencian la articulación.
Contenido
3 niveles de profundidad
Lo esencial para entender el tema desde cero.
Qué es: la articulación en 'bisagra' que une el fémur (muslo) con la tibia (pierna), permitiendo sobre todo flexión y extensión.
Estabilizadores principales: cuatro ligamentos (dos cruzados dentro y dos colaterales a los lados) y dos meniscos, unos cojines de cartílago que amortiguan y encajan los huesos.
Idea clave: es una articulación que soporta mucho peso y torsión, por lo que sus ligamentos y meniscos se lesionan con frecuencia en el deporte.
La rodilla es la articulación más grande del cuerpo y tiene un problema de diseño: encaja mal. Los cóndilos del fémur son dos superficies redondeadas que se apoyan sobre una meseta tibial casi plana. Nada la sujeta por su forma; toda la estabilidad viene de los ligamentos, los meniscos y los músculos. Por eso se lesiona tanto.
En realidad son tres articulaciones en una:
Movimiento: de 0° (extensión completa) a unos 135-140° de flexión. Además, con la rodilla doblada permite una pequeña rotación de la tibia. En los últimos grados de extensión la tibia rota ligeramente hacia fuera y la rodilla queda bloqueada: se puede estar de pie sin gastar apenas músculo.
El aparato extensor: el cuádriceps tira del tendón cuadricipital, este se inserta en la rótula (el hueso sesamoideo más grande del cuerpo, que actúa de polea y aumenta la fuerza del cuádriceps), y de la rótula sale el tendón rotuliano hasta la tuberosidad anterior de la tibia. Cualquier rotura en esa cadena impide levantar la pierna estirada.
Ligamentos cruzados (dentro de la articulación, en el centro):
| Ligamento cruzado anterior (LCA) | Ligamento cruzado posterior (LCP) | |
|---|---|---|
| Impide | Que la tibia se desplace hacia delante | Que la tibia se desplace hacia atrás |
| Mecanismo de rotura | Giro con el pie fijo, frenada brusca, valgo; muchas veces sin contacto | Golpe directo en la tibia con la rodilla flexionada (salpicadero del coche) |
| Frecuencia | El más lesionado | Mucho menos frecuente |
Ligamentos colaterales (a los lados, por fuera de la articulación):
La "tríada desgraciada": un golpe en valgo con el pie fijo puede romper a la vez ligamento colateral medial + menisco medial + ligamento cruzado anterior, porque los tres están conectados.
Son dos anillos incompletos de fibrocartílago apoyados sobre la meseta tibial. El medial tiene forma de C, es más grande y está más sujeto; el lateral es casi una O, más móvil.
Para qué sirven:
El dato que lo explica todo: solo el tercio más externo del menisco tiene vasos sanguíneos (la llamada zona roja). Los dos tercios internos se nutren solo del líquido articular y no cicatrizan. Por eso una rotura periférica se puede suturar y una rotura central hay que recortarla.
Cruzado anterior:
Cruzado posterior: cajón posterior a 90° y signo del escalón: con las dos rodillas flexionadas, la tibia lesionada se desplaza hacia atrás y la meseta pierde su escalón normal.
Colaterales: se fuerza el valgo y el varo a 0° y a 30° de flexión. Si solo se abre a 30°, la lesión es del ligamento aislado; si también se abre en extensión completa, hay lesión asociada de cápsula o cruzados, que es mucho más grave.
Meniscos: dolor a la palpación en la interlínea articular, maniobra de McMurray (flexión máxima y extensión con rotación, buscando un chasquido doloroso) y maniobra de Apley.
Rotura del ligamento cruzado anterior. Muy frecuente en fútbol, baloncesto y esquí, y bastante más frecuente en mujeres que en hombres con el mismo deporte. El paciente cuenta un giro con el pie clavado, a veces un chasquido audible, y que la rodilla se le hinchó en menos de 2 horas. Ese detalle importa: un derrame que aparece en las primeras horas es sangre (hemartros) y en la mayoría de los casos significa rotura del LCA, fractura osteocondral o luxación de rótula. Después queda la sensación de que la rodilla se va al girar.
Rotura de menisco. Dolor mecánico en la interlínea, chasquidos, sensación de fallo y, si un fragmento se desplaza, bloqueo: la rodilla se queda trabada y no estira del todo. Aquí el derrame aparece más despacio, en 12-24 horas. En mayores de 50 años las roturas suelen ser degenerativas, parte del desgaste artrósico, y no un accidente deportivo.
Qué pruebas pedir. Primero una radiografía si se sospecha fractura. Ayudan las reglas de Ottawa de rodilla, que indican radiografiar si hay alguno de estos: edad mayor de 55 años, dolor a la palpación de la cabeza del peroné, dolor aislado en la rótula, incapacidad de flexionar 90° o incapacidad de dar cuatro pasos al lesionarse y en urgencias. Para ligamentos y meniscos, la prueba de elección es la resonancia magnética.
Fase aguda: reposo relativo, hielo, compresión, elevación y analgesia. Movilización precoz y trabajo del cuádriceps en cuanto se pueda: el cuádriceps se atrofia en pocos días y es el principal estabilizador activo.
Colateral medial aislado: casi siempre conservador, con rodillera articulada y rehabilitación; cicatriza bien porque está bien vascularizado.
Cruzado anterior: en pacientes jóvenes, deportistas o con inestabilidad, reconstrucción quirúrgica con injerto (tendón rotuliano o isquiotibiales), nunca sutura simple, y varios meses de rehabilitación antes de volver al deporte. En personas poco activas puede bastar un programa de fortalecimiento bien hecho.
Menisco: si la rotura está en la zona vascularizada y el paciente es joven, se sutura para conservarlo. Si no, se hace una meniscectomía parcial por artroscopia, quitando lo mínimo. En roturas degenerativas de personas mayores con artrosis, la cirugía no ha demostrado ser mejor que la rehabilitación y no debe ser el primer paso.
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