Nefrología y urologíaTema
El trasplante renal es el tratamiento de elección de la enfermedad renal crónica terminal por ofrecer mejor supervivencia y calidad de vida que la diálisis. Requiere compatibilidad ABO y estudio HLA con cribado de anticuerpos anti-HLA (prueba cruzada). El rechazo puede ser hiperagudo (por anticuerpos preformados), agudo (celular T o mediado por anticuerpos) o crónico. La inmunosupresión de mantenimiento combina un inhibidor de calcineurina (tacrólimus), un antiproliferativo (micofenolato) y corticoides, con vigilancia de nefrotoxicidad, infecciones oportunistas (CMV, BK, Pneumocystis) y neoplasias.
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El trasplante renal consiste en implantar un riñón sano de un donante en una persona con enfermedad renal crónica terminal. Es el mejor tratamiento para la mayoría de estos pacientes: viven más años y con mejor calidad de vida que en diálisis, aunque implica una cirugía y tomar medicación inmunosupresora de por vida.
El riñón nuevo no se pone en el lugar de los riñones antiguos: se coloca en la parte baja del abdomen (fosa ilíaca), conectándolo a los vasos de la pelvis y al vejiga. Los riñones propios normalmente se dejan en su sitio.
El sistema inmunitario reconoce el riñón nuevo como "extraño" y puede atacarlo (rechazo). Para evitarlo:
Al bajar las defensas, aumentan dos riesgos importantes:
Por eso el paciente trasplantado necesita controles regulares de por vida.
El trasplante renal mejora la supervivencia frente a la diálisis, se coloca en la fosa ilíaca, exige compatibilidad ABO/HLA y prueba cruzada, y obliga a inmunosupresión de por vida con riesgo de infecciones y tumores.
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