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Proceso de dificultad respiratoria por sumersión o inmersión en un líquido; la hipoxia es la lesión primaria y determina el pronóstico. El manejo prioriza la ventilación y oxigenación precoces.
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Lo esencial para entender el tema desde cero.
Qué es: dificultad para respirar porque la vía aérea queda cubierta por agua (u otro líquido). El problema principal es la falta de oxígeno: todo lo demás —la parada cardiaca, el daño cerebral, el fallo multiorgánico— es consecuencia de esa hipoxia y del tiempo que dura.
Es una de las primeras causas de muerte accidental en el mundo y la primera en niños de 1 a 4 años en muchos países. Tiene además dos picos de edad: los niños pequeños, que se ahogan en piscinas privadas y, en menores de un año, incluso en la bañera con muy poca agua; y los adolescentes y adultos jóvenes, casi siempre varones, con el alcohol de por medio en un porcentaje muy alto de los casos.
Conviene abandonar términos antiguos que se siguen oyendo y que no aportan nada: ahogamiento seco, ahogamiento secundario o casi ahogamiento. Hoy se habla simplemente de ahogamiento, y se describe el resultado: sin lesión, con lesión (morbilidad) o mortal.
Al quedar la boca y la nariz bajo el agua, la persona aguanta la respiración; cuando el dióxido de carbono se acumula, se produce una inspiración involuntaria. El agua que toca la laringe desencadena laringoespasmo, que en unos segundos cede y permite que entre líquido en los pulmones. Ese líquido arrastra el surfactante, colapsa alveolos y provoca un cortocircuito: llega sangre a zonas del pulmón que no ventilan, y la saturación cae en picado.
La cantidad de agua aspirada suele ser pequeña (a menudo menos de 4 mL/kg) y la diferencia entre agua dulce y salada carece de importancia práctica: no cambia el tratamiento, que es idéntico en ambos casos. Y algo que sorprende: entre el 10 y el 20 % de las víctimas apenas tienen agua en el pulmón, porque el laringoespasmo no llegó a ceder.
Un dato importante: el corazón se para porque falta oxígeno, no al revés. Por eso el ahogamiento es la parada de origen asfíctico por excelencia, y por eso el orden de la reanimación cambia.
1. Rescatar con seguridad. Nadie debe meterse al agua si no es un nadador competente. La regla es «alcanzar, lanzar, remar y solo entonces nadar»: tender un objeto largo desde la orilla, lanzar algo que flote, acercarse con una embarcación y, únicamente en último caso y con material de flotación, nadar hasta la víctima. Muchos ahogamientos son dobles: se ahoga el rescatador.
2. Ventilar cuanto antes. Es el gesto que salva. Si la persona no respira o solo boquea (respiración agónica):
3. Llamar a emergencias (112) lo antes posible, sin interrumpir la reanimación si hay más de una persona.
4. No hacer maniobras inútiles y peligrosas. Nunca la maniobra de Heimlich ni ninguna maniobra para «sacar el agua»: no hay agua que sacar, retrasa la ventilación y provoca vómito y aspiración. Tampoco hay que perder tiempo en volcar a la víctima boca abajo. El vómito es tan frecuente que hay que contar con él: se gira la cabeza y se limpia rápidamente.
5. Prevenir la hipotermia: retirar la ropa mojada, secar y abrigar. Es especialmente importante en niños y en agua fría.
6. Cuidado con la columna cervical solo si hay una historia compatible: zambullida de cabeza en agua poco profunda, accidente de surf o caída desde altura. Inmovilizar de rutina a todo ahogado retrasa la ventilación sin beneficio alguno.
Toda persona rescatada debe ser evaluada aunque parezca estar bien, porque el edema pulmonar puede tardar horas en manifestarse. La actitud se decide por la clínica:
| Situación | Conducta |
|---|---|
| Consciente, sin tos, respiración y saturación normales | Observación de 4-8 horas; alta si sigue asintomática |
| Tos, crepitantes, saturación < 95 % o disnea | Ingreso, oxígeno y radiografía de tórax |
| Insuficiencia respiratoria grave o bajo nivel de conciencia | UCI: ventilación no invasiva con presión positiva o intubación |
Se vigilan la saturación, el trabajo respiratorio, la temperatura, la glucemia y el estado neurológico. La complicación más temida es el síndrome de dificultad respiratoria aguda. Los antibióticos y los corticoides no se dan de forma sistemática: solo si el agua estaba claramente contaminada o aparece una infección.
Un detalle que cambia el pronóstico: si el ahogamiento fue en agua muy fría, la hipotermia protege el cerebro y hay recuperaciones completas tras inmersiones prolongadas. Por eso la reanimación se prolonga y no se declara el fallecimiento hasta haber recalentado a la víctima. La duración de la inmersión es, con diferencia, el mejor predictor del pronóstico: por debajo de 5 minutos es bueno, y por encima de 25 minutos es malo casi siempre.
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