Qué es: el apéndice (un pequeño saco del intestino) se inflama e infecta.
Dolor típico: empieza alrededor del ombligo y luego se mueve a la parte baja derecha del abdomen (fosa ilíaca derecha), con náuseas, falta de apetito y fiebre.
El apéndice es un tubo estrecho y ciego, de unos 5-10 cm, que cuelga del ciego, la primera porción del intestino grueso, en la parte baja derecha del abdomen. Al tener una sola salida y ser tan estrecho, basta con que se obstruya para que empiecen los problemas: la mucosa sigue produciendo moco, la presión dentro sube, se comprimen los vasos, la pared se isquemia y las bacterias del intestino la invaden. Si nadie interviene, la pared acaba perforándose.
Por qué importa
Es la causa más frecuente de abdomen agudo quirúrgico, y la apendicectomía es la operación urgente más habitual del mundo.
Alrededor de 1 de cada 12-15 personas la padecerá a lo largo de su vida.
Es más frecuente entre los 10 y los 30 años, aunque puede aparecer a cualquier edad.
Es un diagnóstico clínico que se hace bien preguntando y explorando; el error de retrasarlo se paga con una peritonitis.
Qué ocurre por dentro
1Obstrucción de la luz: por un fecalito (heces endurecidas), que es lo más frecuente en el adulto; por hiperplasia del tejido linfoide, típica en el niño tras una infección; y con menos frecuencia por un tumor o un parásito.
2Distensión y aumento de la presión: aquí aparece el dolor difuso, mal localizado, alrededor del ombligo (es un dolor visceral, transmitido por fibras que no localizan bien).
3Isquemia e invasión bacteriana: la inflamación alcanza el peritoneo que recubre la pared abdominal, y el dolor se muda a la fosa ilíaca derecha, ahora sí bien localizado y punzante (dolor somático). Ese cambio de sitio, en unas 6-12 horas, es el dato más característico de toda la clínica médica del abdomen.
4Perforación: suele ocurrir a partir de las 48-72 horas. Puede quedar tabicada como un absceso o extenderse como una peritonitis generalizada.
Cómo se presenta
La secuencia clásica (llamada de Murphy) tiene un orden que ayuda a distinguirla de una gastroenteritis:
1Anorexia (falta de apetito) —casi constante; un paciente con hambre real hace dudar del diagnóstico—.
2Dolor periumbilical.
3Náuseas y vómitos, que aparecen después del dolor. Si los vómitos preceden claramente al dolor, hay que pensar en otra cosa.
4Migración del dolor a la fosa ilíaca derecha.
5Febrícula (37,5-38 °C). Una fiebre alta desde el principio sugiere ya perforación u otro diagnóstico.
En la exploración:
Dolor en el punto de McBurney: en el tercio externo de la línea que une el ombligo con la espina ilíaca anterosuperior derecha.
Signo de Blumberg (dolor de rebote): duele más al retirar bruscamente la mano que al presionar; indica irritación peritoneal.
Signo de Rovsing: al palpar la fosa ilíaca izquierda, duele la derecha.
Signo del psoas: dolor al extender la cadera derecha; sugiere apéndice retrocecal.
Signo del obturador: dolor al rotar internamente la cadera flexionada; sugiere apéndice pélvico.
Defensa muscular y, si hay peritonitis, abdomen en tabla con el paciente inmóvil.
Los casos que engañan
Niños pequeños: síntomas vagos, más vómitos y diarrea; se perforan antes y más a menudo.
Ancianos: poca fiebre, poco dolor, exploración pobre. Consultan tarde y llegan perforados.
Embarazadas: el útero desplaza el apéndice hacia arriba, así que el dolor puede localizarse en el flanco o el hipocondrio derecho.
Apéndice retrocecal: dolor lumbar en lugar de en la fosa ilíaca, y exploración abdominal casi normal.
Obesos e inmunodeprimidos: signos atenuados.
Diagnóstico
Es clínico, apoyado en escalas como la de Alvarado, que puntúa migración del dolor, anorexia, náuseas, dolor y rebote en fosa ilíaca derecha, fiebre y leucocitosis con desviación izquierda.
Analítica: leucocitosis moderada (habitualmente 10.000-18.000/mm³) con neutrofilia y PCR elevada. Una analítica normal en las primeras horas no descarta nada.
Ecografía abdominal: primera prueba en niños, jóvenes y embarazadas, porque no irradia. Se busca un apéndice engrosado (diámetro mayor de 6 mm), no compresible y doloroso al paso de la sonda.
TC abdominal: la prueba más precisa en el adulto, especialmente si hay dudas o se sospechan complicaciones.
Prueba de embarazo obligada en toda mujer en edad fértil, y sedimento de orina para descartar una infección urinaria o un cólico renal.
Diagnóstico diferencial
Cuadro
Lo que lo distingue
Adenitis mesentérica
Niños, tras una infección respiratoria; dolor más difuso y migratorio
Gastroenteritis
Vómitos y diarrea antes del dolor; dolor cólico y difuso
Mujer en edad fértil: obligan a la prueba de embarazo y a la ecografía
Cólico nefrítico
Dolor lumbar irradiado a genitales, con hematuria y paciente inquieto
Diverticulitis
Habitualmente en el lado izquierdo y en mayores de 50 años
Enfermedad de Crohn ileal
Cuadro más largo, con diarrea crónica y pérdida de peso
Tratamiento
Apendicectomía, preferentemente laparoscópica: menos dolor, menos infección de herida y recuperación más rápida. Es el tratamiento estándar.
Antibióticos intravenosos que cubran flora intestinal (gramnegativos y anaerobios) antes de la cirugía; se prolongan varios días si había perforación.
Sueroterapia, analgesia y dieta absoluta mientras se prepara.
En apendicitis no complicadas seleccionadas puede plantearse tratamiento solo con antibióticos, aunque una parte de esos pacientes acaba operándose por recaída.
Si ya existe un plastrón o un absceso organizado, a veces se opta por antibióticos y drenaje, y una cirugía diferida semanas después.
Una advertencia clásica: no dar analgesia potente no está justificado; hoy se sabe que aliviar el dolor no borra los signos exploratorios ni impide el diagnóstico.
Ideas para quedarse
La secuencia anorexia → dolor periumbilical → vómitos → dolor en fosa ilíaca derecha es el patrón que hay que reconocer.
Los vómitos van después del dolor; si van antes, sospecha otra cosa.
El diagnóstico es clínico; la ecografía en niños y embarazadas, la TC en el adulto con dudas.
El tratamiento es la apendicectomía, y el enemigo es el retraso: la perforación llega hacia las 48-72 horas.
Ancianos, niños pequeños y embarazadas son quienes más engañan.
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