Consecuencias: se acumula líquido (ascitis), se hincha el abdomen, hay ictericia y riesgo de sangrado.
Dicho con más precisión: la cirrosis es el estadio final común de casi todas las enfermedades crónicas del hígado. Cualquier agresión mantenida durante años (alcohol, virus, grasa, autoinmunidad) provoca inflamación y muerte de hepatocitos; el hígado intenta repararse depositando tejido fibroso, y ese tejido acaba sustituyendo a la arquitectura normal, formando nódulos de regeneración rodeados de tabiques de cicatriz. El resultado es un hígado duro, deformado y con la circulación interna estrangulada.
Por qué importa
Es una de las principales causas de muerte por enfermedad digestiva: se estima que provoca alrededor de un millón de muertes al año en el mundo. Y, sobre todo, es en buena parte evitable, porque sus tres causas principales (alcohol, hepatitis virales y enfermedad hepática grasa) se pueden prevenir o tratar.
Hay además un dato que cambia por completo la manera de entenderla: si se retira la causa a tiempo, la fibrosis puede retroceder. Un paciente que deja el alcohol o que se cura la hepatitis C puede mejorar de forma medible. La cirrosis avanzada, en cambio, con complicaciones instauradas, ya no da marcha atrás.
Qué hace un hígado sano y qué se pierde
El hígado es la fábrica y la depuradora del organismo. Con la cirrosis fallan a la vez cuatro funciones:
Fabricar proteínas: albúmina (por eso aparecen edemas y ascitis) y factores de la coagulación (por eso el paciente sangra y el INR se alarga).
Depurar tóxicos: amoniaco procedente del intestino, fármacos, hormonas. Su acumulación explica la encefalopatía.
Metabolizar la bilirrubina: si se acumula, aparece la ictericia.
Producir bilis para digerir las grasas.
A eso se suma un problema mecánico decisivo: la sangre que viene del intestino a través de la vena porta no puede atravesar un hígado endurecido. La presión sube dentro del sistema portal: es la hipertensión portal, y de ella salen casi todas las complicaciones graves.
Causas
Alcohol: la causa más frecuente en España junto con la enfermedad grasa. El riesgo aparece a partir de consumos mantenidos de unos 30 g diarios en el hombre y 20 g en la mujer, durante años.
Enfermedad hepática grasa metabólica (esteatohepatitis): asociada a obesidad, diabetes tipo 2, hipertensión y dislipemia. En pleno crecimiento; ya es la causa que más aumenta.
Hepatitis crónica por virus C (hoy curable en más del 95 % de los casos con antivirales de acción directa) y por virus B (controlable con antivirales y prevenible con vacuna).
Se distinguen dos fases, y la diferencia es de pronóstico, no de matiz.
Cirrosis compensada: puede ser totalmente asintomática durante años. Se descubre por una analítica alterada, una ecografía casual o unas plaquetas bajas. La supervivencia media supera los 12 años.
Cirrosis descompensada: cuando aparece la primera complicación mayor (ascitis, hemorragia por varices, encefalopatía o ictericia), el pronóstico cambia radicalmente y la supervivencia media cae a unos 2 años sin trasplante.
Signos que se buscan en la exploración:
Arañas vasculares (telangiectasias en el tronco superior) y eritema palmar.
Ictericia en piel y conjuntivas.
Ascitis, con abdomen distendido, matidez cambiante y oleada ascítica.
Circulación colateral en la pared abdominal («cabeza de medusa»).
Ginecomastia, atrofia testicular y pérdida del vello, por alteración del metabolismo de las hormonas.
Hematomas y sangrado fácil de encías y nariz.
Contractura de Dupuytren e hipertrofia parotídea, más típicas del origen alcohólico.
Asterixis (temblor aleteante de las manos) y desorientación, si hay encefalopatía.
Hígado duro y de borde irregular, y bazo grande (esplenomegalia).
Complicaciones
Complicación
Qué ocurre
Idea clave
Hipertensión portal
Sube la presión en la vena porta
Es el motor de casi todo lo demás
Varices esofágicas
Venas dilatadas que pueden romperse
Hemorragia digestiva alta, potencialmente mortal
Ascitis
Líquido en el abdomen
La descompensación más frecuente
Peritonitis bacteriana espontánea
Se infecta el líquido ascítico sin causa externa
Fiebre o dolor en un cirrótico con ascitis: se punciona
Encefalopatía hepática
El amoniaco llega al cerebro
Confusión, inversión del ritmo del sueño, asterixis, coma
Síndrome hepatorrenal
Fallo renal funcional
Muy grave; el tratamiento definitivo es el trasplante
Hepatocarcinoma
Cáncer sobre el hígado cirrótico
2–4 % al año: obliga a cribado
Cómo se diagnostica
Analítica: transaminasas (a menudo solo discretamente altas, e incluso normales en fases avanzadas), plaquetas bajas (uno de los primeros indicios, por hiperesplenismo), albúmina baja, INR alargado, bilirrubina alta, sodio bajo.
Ecografía abdominal: hígado de contorno irregular y ecoestructura heterogénea, bazo grande, ascitis, signos de circulación colateral.
Elastografía (FibroScan): mide la rigidez del hígado sin pinchar. Ha sustituido a la biopsia en la mayoría de los casos.
Endoscopia digestiva alta: para buscar varices esofágicas.
Biopsia hepática: reservada para los casos dudosos o cuando hay que aclarar la causa.
Estudio etiológico completo: serologías de virus B y C, autoanticuerpos, ferritina y saturación de transferrina, ceruloplasmina, alfa-1-antitripsina.
Para valorar la gravedad se usan dos escalas: la Child-Pugh (bilirrubina, albúmina, INR, ascitis y encefalopatía; clases A, B y C) y el MELD, basado en bilirrubina, INR y creatinina, que ordena la lista de trasplante.
Tratamiento
1. Tratar la causa, que es lo que más cambia el pronóstico:
Abstinencia absoluta de alcohol, siempre, sea cual sea la causa de la cirrosis.
Antivirales para la hepatitis C (curación en más del 95 %) y para la B.
Pérdida de peso y control metabólico en la enfermedad grasa.
Inmunosupresores, quelantes del cobre o flebotomías, según la enfermedad de base.
2. Prevenir y tratar las complicaciones:
Varices: betabloqueantes (propranolol, carvedilol) o ligadura con bandas por endoscopia.
Ascitis: dieta con restricción de sal (unos 2 g de sodio al día), espironolactona con o sin furosemida, y paracentesis evacuadoras con reposición de albúmina en los casos resistentes.
Encefalopatía: lactulosa y rifaximina, y siempre buscar el desencadenante (infección, hemorragia, estreñimiento, sedantes, deshidratación).
Peritonitis bacteriana espontánea: antibiótico intravenoso y albúmina; después, profilaxis mantenida.
3. Cuidados generales, poco vistosos pero decisivos:
Vacunación frente a hepatitis A y B, gripe, neumococo y COVID-19.
Evitar AINE (precipitan fallo renal y sangrado) y ser muy prudente con los sedantes.
El paracetamol es seguro en el cirrótico a dosis reducidas (máximo 2 g al día), y es preferible al ibuprofeno.
Nutrición adecuada, con suficiente proteína (la restricción proteica sistemática es un error clásico) y una cena tardía para evitar el ayuno nocturno prolongado.
Cribado de hepatocarcinoma con ecografía cada 6 meses.
4. Trasplante hepático: el único tratamiento curativo de la cirrosis avanzada. Requiere abstinencia demostrada y valoración en una unidad especializada.
Ideas clave
1La cirrosis es el final común de muchas enfermedades del hígado; lo que importa es identificar y quitar la causa.
2Puede estar años sin dar síntomas: unas plaquetas bajas o una albúmina baja pueden ser la primera pista.
3El paso de compensada a descompensada marca el cambio de pronóstico.
4Casi todas las complicaciones nacen de la hipertensión portal.
5Abstinencia, vacunas, evitar AINE y ecografía cada 6 meses: cuatro medidas sencillas que salvan vidas.
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Fibrosis e hipertensión portal, fase compensada/descompensada, complicaciones y cuidados clave.
Síntesis docente basada en los consensos de Baveno sobre hipertensión portal y en las guías EASL/AASLD de cirrosis descompensada, ascitis, PBE y encefalopatía hepática.
Harrison; guías AASLD/EASL.
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