PediatríaTema
Pérdida de agua y electrolitos, frecuente por gastroenteritis; la evaluación del grado guía la rehidratación, preferentemente oral.
Contenido
3 niveles de profundidad
Lo esencial para entender el tema desde cero.
Qué es: el niño pierde más líquido del que ingiere (por vómitos, diarrea, fiebre).
Signos de alarma: sed intensa, boca seca, ojos hundidos, llanto sin lágrimas, orina poca, decaimiento.
Clave: la rehidratación oral es de primera elección si el niño tolera.
Los niños se deshidratan mucho más rápido que los adultos, y no por casualidad. Un lactante tiene una proporción de agua corporal mayor (alrededor del 70-75 % de su peso, frente al 60 % del adulto), una superficie corporal relativamente mucho mayor —por lo que pierde más agua por la piel—, una frecuencia respiratoria más alta, un riñón todavía inmaduro que concentra peor la orina y, sobre todo, no puede beber por sí mismo cuando tiene sed. Depende por entero de que alguien le ofrezca líquido. Por eso, cuanto menor es el niño, mayor es el riesgo.
La diarrea aguda sigue siendo una de las principales causas de mortalidad infantil en el mundo, y prácticamente todas esas muertes se deben a la deshidratación, no a la infección en sí. La solución de rehidratación oral es una de las intervenciones sanitarias más eficaces y baratas que existen: bien empleada, resuelve más del 90 % de los casos sin necesidad de vía intravenosa ni de ingreso.
En nuestro medio el problema no suele ser la falta de recursos, sino dos errores muy extendidos: dar al niño bebidas inadecuadas (refrescos, zumos, bebidas isotónicas de deporte) y pinchar una vía en niños que podrían haberse rehidratado por boca.
El patrón de referencia para calcular el déficit es la pérdida de peso: si se conoce el peso reciente previo, el porcentaje perdido es el porcentaje de deshidratación. Como casi nunca se dispone de ese dato, se recurre a la valoración clínica.
| Leve (< 5 %) | Moderada (5-10 %) | Grave (> 10 %) | |
|---|---|---|---|
| Estado general | Alerta, activo | Irritable, intranquilo | Letárgico, hipotónico |
| Ojos | Normales | Hundidos | Muy hundidos |
| Lágrimas | Presentes | Escasas | Ausentes |
| Mucosas | Húmedas | Secas | Muy secas, pastosas |
| Sed | Bebe normal | Bebe con avidez | Bebe mal o es incapaz |
| Pliegue cutáneo | Recupera de inmediato | Recupera lento (< 2 s) | Recupera muy lento (> 2 s) |
| Relleno capilar | < 2 s | 2-3 s | > 3 s |
| Frecuencia cardíaca | Normal | Aumentada | Taquicardia, pulso débil |
| Diuresis | Normal | Disminuida | Oliguria o anuria |
| Fontanela (lactante) | Normal | Deprimida | Muy deprimida |
Los tres signos aislados con mayor valor predictivo son el relleno capilar prolongado, el pliegue cutáneo persistente y el patrón respiratorio anormal. Cuantos más signos coinciden, más fiable es la estimación. La deshidratación grave es, por definición, un cuadro con compromiso circulatorio: es un shock hipovolémico y se trata como tal.
En el porcentaje conviene ajustar por edad: un lactante con un 10 % de deshidratación está en una situación mucho más comprometida que un escolar con el mismo porcentaje, porque su reserva es menor.
Aunque en la práctica más del 80 % de los casos son isonatrémicos, conviene conocer los tres tipos porque cambian el manejo:
| Tipo | Sodio plasmático | Rasgos |
|---|---|---|
| Isonatrémica | 130-150 mEq/L | La más frecuente; pérdidas proporcionadas de agua y sal |
| Hiponatrémica | < 130 mEq/L | Se pierde más sal que agua; peor tolerada, mayor riesgo de shock y de convulsiones |
| Hipernatrémica | > 150 mEq/L | Se pierde más agua que sal; piel «pastosa», irritabilidad, sed intensa; el niño parece menos grave de lo que está, porque el líquido intravascular se conserva mejor |
En la deshidratación hipernatrémica la corrección debe ser lenta: el sodio no debe descender más de 10-12 mEq/L cada 24 horas, y la rehidratación se reparte a lo largo de 48 horas. Bajarlo demasiado deprisa arrastra agua hacia unas neuronas que se han adaptado a la hipertonicidad y provoca edema cerebral, con convulsiones y deterioro neurológico. Es una de las complicaciones iatrogénicas más temidas del tema.
Es la primera opción siempre que el niño tolere la vía oral, incluso si vomita: la mayoría de los vómitos ceden si se ofrece el líquido en cantidades muy pequeñas y frecuentes.
Qué se usa: solución de rehidratación oral hiposódica de composición ajustada (unos 60 mEq/L de sodio y 74-111 mmol/L de glucosa, con osmolaridad en torno a 200-250 mOsm/L). Su fundamento fisiológico es el cotransportador sodio-glucosa del enterocito: la glucosa arrastra sodio y este arrastra agua, un mecanismo que sigue funcionando aunque el intestino esté inflamado.
Qué NO se debe usar, y es un error muy común: refrescos de cola, zumos de fruta, bebidas isotónicas para deportistas ni preparados caseros de agua con azúcar. Todos ellos tienen demasiado azúcar y muy poco sodio; su alta osmolaridad empeora la diarrea por efecto osmótico.
Cómo se pauta:
En caso de vómitos que impiden la tolerancia, una dosis única de ondansetrón (2 mg si pesa 8-15 kg; 4 mg si pesa 15-30 kg; 8 mg si pesa más de 30 kg) permite rescatar la vía oral y evitar la vía intravenosa en muchos niños.
Si la vía oral fracasa por vómitos incoercibles pero el niño no está en shock, una alternativa válida y a menudo olvidada es la rehidratación por sonda nasogástrica a débito continuo.
Indicada en deshidratación grave o con shock, fracaso de la vía oral y de la sonda, alteración del nivel de conciencia, íleo o sospecha de abdomen quirúrgico.
Nota importante: hoy se recomiendan sueros isotónicos, no hipotónicos, para el mantenimiento, porque los hipotónicos se asociaron a hiponatremia iatrogénica con edema cerebral.
Los padres deben saber cuándo volver: si el niño está muy decaído o no responde con normalidad, si no orina en 8-12 horas, si vomita todo lo que se le ofrece, si aparece sangre en las heces, si la fiebre persiste más de 3 días, si tiene menos de 3 meses o si respira de forma agitada. Explicar estos avisos con claridad al alta es parte del tratamiento.
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