CardiologíaTema
Cese de la actividad cardíaca eficaz; su manejo se basa en RCP de calidad, desfibrilación precoz de los ritmos desfibrilables y tratamiento de las causas reversibles.
Contenido
3 niveles de profundidad
Lo esencial para entender el tema desde cero.
Qué es: el corazón deja de bombear; sin tratamiento en minutos, la persona muere.
Qué hacer: pedir ayuda, iniciar RCP (compresiones fuertes y rápidas) y usar el desfibrilador lo antes posible.
En el paro cardíaco el corazón pierde de golpe su capacidad de expulsar sangre. Deja de haber pulso, deja de llegar oxígeno al cerebro y la persona pierde el conocimiento en unos segundos. Es la urgencia médica más extrema que existe: cada minuto que pasa sin reanimación reduce la supervivencia aproximadamente un 10 %.
Es importante distinguirlo de otras dos cosas con las que se confunde:
Es una de las principales causas de muerte en el mundo y, a diferencia de casi cualquier otra, el resultado depende sobre todo de lo que hace la primera persona que está allí, no del hospital. La mayoría de los paros extrahospitalarios ocurren en casa y ante testigos. Cuando alguien inicia compresiones de inmediato, la supervivencia se duplica o triplica; sin embargo, en muchos países menos de la mitad de las víctimas recibe RCP antes de que llegue la ambulancia.
Por eso la reanimación cardiopulmonar no es un conocimiento «de especialista»: es una habilidad básica que todo sanitario debe dominar y que cualquier ciudadano puede aprender.
Tres signos bastan, y se comprueban en menos de 10 segundos:
Un aviso muy importante: en los primeros minutos es frecuente la respiración agónica o gasping, unas boqueadas ruidosas, lentas e irregulares. No es respiración eficaz: es un signo de paro cardíaco. Confundirla con «está respirando» es uno de los errores que más vidas cuesta. Ante la duda, se empieza a comprimir.
El resultado depende de que se cumplan, en orden y rápido, varios eslabones:
Compresiones de calidad — las cifras que hay que saber:
| Parámetro | Adulto |
|---|---|
| Frecuencia | 100–120 por minuto |
| Profundidad | 5–6 cm |
| Reexpansión | Dejar que el pecho vuelva del todo entre compresión y compresión |
| Interrupciones | Las mínimas posibles (menos de 10 segundos) |
| Relación con ventilaciones | 30 compresiones : 2 ventilaciones |
| Relevo | Cambiar de reanimador cada 2 minutos |
Si el reanimador no sabe o no quiere ventilar, debe hacer solo compresiones, sin parar. Es muchísimo mejor que no hacer nada, y en los primeros minutos su eficacia es comparable.
En muchos paros el corazón no está parado del todo: tiembla de forma caótica (fibrilación ventricular) o late a una velocidad ineficaz (taquicardia ventricular sin pulso). Esos ritmos no se corrigen con fármacos ni con compresiones: se corrigen con una descarga eléctrica. La desfibrilación es el único tratamiento que los revierte, y su eficacia cae con cada minuto de retraso.
Los DEA (desfibriladores externos automatizados) están pensados para ser usados sin formación: se encienden, se pegan los parches en el pecho desnudo (uno bajo la clavícula derecha y otro en el costado izquierdo) y el aparato habla y guía. El DEA analiza el ritmo y solo permite la descarga si está indicada, así que no puede dar una descarga a quien no la necesita. Tras la descarga se reanudan de inmediato las compresiones.
Los otros dos ritmos posibles —la asistolia (línea plana) y la actividad eléctrica sin pulso— no son desfibrilables; en ellos lo que salva es la RCP de calidad y tratar la causa.
Cuando llega el equipo sanitario, la RCP de calidad y la desfibrilación siguen siendo la base; lo demás se añade sin interrumpirlas:
Y, sobre todo, buscar y tratar la causa. Se recuerdan como las 4 H y 4 T: Hipoxia, Hipovolemia, Hipo/hiperpotasemia, Hipotermia; Trombosis (coronaria o pulmonar), Taponamiento cardíaco, neumotórax a Tensión y Tóxicos.
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