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La hiperplasia prostática benigna causa síntomas urinarios obstructivos por crecimiento no maligno; el cáncer de próstata es frecuente y a menudo indolente, con el PSA como marcador.
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Lo esencial para entender el tema desde cero.
Hiperplasia prostática benigna (HBP): la próstata crece (sin cáncer) y comprime la uretra, dificultando orinar. Cáncer de próstata: tumor maligno frecuente en hombres mayores, a menudo de crecimiento lento.
Síntomas urinarios: chorro débil, goteo, urgencia, levantarse a orinar de noche.
Las dos enfermedades comparten órgano, edad y algunos síntomas, y por eso se confunden. Pero son cosas distintas: la hiperplasia no se convierte en cáncer ni aumenta el riesgo de padecerlo. Que un hombre tenga la próstata grande no significa que tenga cáncer, y —lo que despista más— un cáncer de próstata inicial normalmente no da ningún síntoma.
Es una glándula del aparato reproductor masculino, del tamaño de una nuez (unos 20–25 g en un adulto joven), situada justo debajo de la vejiga y por delante del recto. Su función es producir parte del líquido seminal, que nutre y transporta a los espermatozoides.
El detalle anatómico que lo explica todo: la uretra atraviesa la próstata por su interior. Por eso, cuando la glándula crece, estrecha el conducto por el que sale la orina, como una mano que aprieta una manguera. Y como la próstata está pegada al recto, el médico puede palparla introduciendo un dedo por el ano: eso es el tacto rectal.
Qué es: un crecimiento no canceroso de la glándula, por aumento del número de células. Ocurre sobre todo en la zona de transición, la parte que rodea la uretra, y de ahí que dé síntomas tan pronto.
Cómo de frecuente: es prácticamente una consecuencia del envejecimiento. Hay cambios histológicos en cerca del 50 % de los hombres a los 60 años y en más del 80 % a los 80, aunque no todos tienen síntomas.
Por qué ocurre: depende de la edad y de las hormonas masculinas. La testosterona se transforma dentro de la próstata en dihidrotestosterona (DHT), mucho más potente, que estimula el crecimiento glandular.
Se agrupan en dos bloques, y distinguirlos ayuda mucho a entender lo que le pasa a la persona:
| Tipo | Síntomas | A qué se deben |
|---|---|---|
| Obstructivos (de vaciado) | Chorro débil y fino, esperar para empezar, tener que apretar, goteo final, sensación de no vaciar del todo, orinar en dos tiempos | La uretra está estrechada |
| Irritativos (de llenado) | Urgencia, orinar muchas veces, nicturia (levantarse por la noche), escapes | La vejiga se engrosa y se vuelve irritable de tanto luchar contra la obstrucción |
La nicturia es a menudo lo que más deteriora la calidad de vida, porque rompe el sueño noche tras noche.
Señales de alarma que no son de una HBP simple: sangre en la orina, dolor al orinar con fiebre, imposibilidad total de orinar con dolor intenso en el bajo vientre (retención aguda de orina, que es una urgencia), pérdida de peso o dolor de huesos.
Qué es: el tumor maligno más frecuente en el varón en España, con unos 30.000 casos nuevos al año. Aparece sobre todo a partir de los 65 años.
Dónde crece: en la zona periférica de la glándula, la más alejada de la uretra. De ahí las dos consecuencias más importantes: por un lado, no da síntomas al principio; por otro, al estar cerca del recto, puede palparse en el tacto rectal como un nódulo duro.
Factores de riesgo: la edad (el principal), los antecedentes familiares —tener padre o hermano afectado multiplica el riesgo por 2–3— y el origen étnico (mayor incidencia y agresividad en hombres de ascendencia africana). Algunas familias tienen mutaciones hereditarias, como BRCA2, que aumentan el riesgo y la agresividad.
Un rasgo peculiar: muchos cánceres de próstata crecen tan despacio que nunca llegan a dar problemas. Se dice que muchos hombres mueren con cáncer de próstata y no por él. Esto es fundamental, porque explica que a veces la mejor decisión no sea tratar, sino vigilar.
El PSA (antígeno prostático específico) es una proteína que fabrica la próstata y que se mide en un análisis de sangre. Su nombre engaña: es específico de la próstata, no del cáncer.
El PSA sube en el cáncer, pero también en:
Como orientación se ha usado el umbral de 4 ng/ml, pero no es una frontera entre sano y enfermo: hay cánceres con PSA bajo y próstatas grandes benignas con PSA alto. Por eso el PSA nunca diagnostica por sí solo, y por eso el cribado poblacional con PSA es objeto de debate: detecta tumores que no habrían dado problemas y puede llevar a biopsias y tratamientos con efectos secundarios (incontinencia, disfunción eréctil) innecesarios. La recomendación actual es decidirlo hablándolo con el paciente, informando de ventajas e inconvenientes, sobre todo entre los 50 y los 70 años.
Para la HBP:
Para el cáncer, según la agresividad y el estado del paciente: vigilancia activa en tumores de bajo riesgo, cirugía (prostatectomía radical), radioterapia y tratamiento hormonal que suprime la testosterona en enfermedad avanzada.
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