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Disfunción orgánica potencialmente mortal causada por una respuesta desregulada del huésped a la infección; el shock séptico es el subgrupo con hipotensión que requiere vasopresores e hiperlactatemia.
Contenido
3 niveles de profundidad
Lo esencial para entender el tema desde cero.
Qué es: una infección que se sale de control y empieza a dañar órganos del cuerpo.
Signos de alarma: fiebre (o hipotermia), frecuencia cardíaca y respiratoria altas, confusión, presión baja.
Idea clave: es una emergencia. Cada hora de retraso en antibióticos y líquidos aumenta la mortalidad.
La sepsis mata a millones de personas al año y sigue siendo una de las primeras causas de muerte en los hospitales. Lo llamativo es que no muere el paciente por el microbio en sí, sino por la respuesta desmedida del propio organismo frente a él. Por eso la definición actual ya no habla de infección grave, sino de "disfunción de órganos causada por una respuesta desregulada del huésped a la infección".
El sistema inmunitario detecta la infección y libera una avalancha de mediadores inflamatorios. Esa tormenta produce tres efectos simultáneos:
El resultado es que la sangre llega mal a los tejidos. Las células, sin oxígeno suficiente, pasan a metabolismo anaerobio y producen lactato. De ahí que el lactato en sangre sea el marcador que mejor refleja la gravedad: no mide la infección, mide cuánto está sufriendo el organismo.
| Qué es | Cómo se reconoce | |
|---|---|---|
| Infección | Un foco, sin daño a distancia | Fiebre, síntomas del foco |
| Sepsis | Infección + fallo de órganos | SOFA que sube 2 o más puntos |
| Shock séptico | Sepsis que no remonta con líquidos | Necesita vasopresores para mantener la presión y tiene lactato > 2 mmol/L |
La mortalidad sube en cada escalón: en el shock séptico supera el 40 % incluso con buen tratamiento.
En la planta o en urgencias no hace falta calcular nada complicado para saltar la alarma. La regla rápida más conocida se apoya en tres datos:
Dos de los tres en un paciente con infección obligan a actuar de inmediato. Estos criterios sirven para avisar, no para diagnosticar: su negatividad no descarta nada, y hoy se recomienda combinarlos con otros sistemas de alarma precoz.
Otros signos que hay que buscar: fiebre alta o, al contrario, hipotermia (un signo de mal pronóstico, especialmente en el anciano), taquicardia, piel moteada, relleno capilar lento (más de 3 segundos), frialdad distal y diuresis por debajo de 0,5 mL/kg/h.
Ojo con el anciano y con el inmunodeprimido: pueden llegar sin fiebre, y a veces el único dato es que "está raro", más confuso o se ha caído. En el niño, la taquicardia y la irritabilidad preceden a la caída de la presión, que ocurre muy tarde y es un signo casi terminal.
Los focos más frecuentes son el pulmón (el primero de todos), el abdomen (vía biliar, perforación, isquemia), la vía urinaria y la piel y partes blandas. En el paciente ingresado hay que pensar además en catéteres, sondas y prótesis. Buscar el foco no es un lujo académico: si hay pus, no se cura con antibiótico solo.
Existe un conjunto de medidas que hay que poner en marcha en la primera hora desde que se sospecha. Es lo que más vidas salva:
Y en paralelo: oxígeno, monitorización, medida de la diuresis, analítica completa con hemograma, función renal, coagulación y gasometría.
Los estudios que dieron origen a los protocolos de sepsis mostraron que cada hora de retraso en el antibiótico adecuado aumenta la mortalidad de forma medible en el shock séptico. Esa es la razón de que la sepsis se trate como un código de emergencia, igual que el infarto o el ictus, con circuitos específicos para que el paciente no espere.
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